En la profunda oscuridad de la noche, mucho después de que
el ingenuo sol se escondiera bajo el mar y mucho antes de que el alba quisiera
asomar siquiera su rosada melena, se apareció el vampiro en mi habitación.
- ¿Quien eres? - le pregunte sin miedo
- Soy, un ser sin nombre - contesto con una leve reverencia
- ¿Qué haces en mi pieza? - le volví a preguntar levantando
una ceja
- Soy un vampiro, saca tus propias conclusiones - respondió
formando una media sonrisa que mostraba sus afilados colmillos.
Tome dos libros del estante de mi pieza y lo mire
- Entonces, ¿vienes a matarme - dije levantando el libro de
drácula - o vienes a follarme? - dije levantando el libro de crepúsculo.
- Depende - contesto entre risas. - ¿eres virgen?
- Si - respondí un poco atónita por la pregunta
- Entonces vengo a matarte, ya sabes, drácula se alimentaba
de la sangre de mujeres vírgenes.
- Pues, si es así, debe de morirse de hambre en esta época,
no le queda otra opción que matar recién nacidos.
- Si, es verdad, pero bueno, vamos al grano, te amo, y
quiero pasar la eternidad contigo, como Bella y Edward.
- Pero, señor vampiro, yo solo lo quiero como amigo - el
vampiro lloro.
- Bueno, eso cambia las cosas. ¡¡¡MUERE PERRA!!! - Se tiro
sobre mi con sus afilados colmillos fuera y me mordió.