miércoles, 13 de mayo de 2015

Memoria del tacto

Ella cerró los ojos y se dejó atrapar por los recuerdos. Su espalda fue rozada con la yema de unos dedos y su cuello fue besado. Dejó de huir de aquello que tanto anhelaba, dejó de negarlo y se entregó al deseo en su más pura esencia. Ella estaba sola, de pie en su habitación, ni el soplo del viento existía en ese lugar, pero ella sintió su beso y sintió más, sus dedos bajaron hasta tomar su cintura, el tacto era tibio como el cuerpo que ella recordaba, el cuerpo de su amado. Toda su espalda cobró calor de la nada, era el cuerpo de él pegado al de ella, notó como besó su cabeza y luego su mejilla, percibió el abrazo y respiró profundo. Un par de lágrimas cayeron de ella, porque él no estaba ahí, él ya se había ido y no quedaba nada más que el recuerdo de sus sentidos.