Ya tenía
30 años, carrera terminada, soltero y buen empleo, estaba tomando un café en un
local cerca de mi oficina, pensando en quizá que cosas.
-Hola-
Escucho una voz femenina familiar que me llevó 12 años hacia atrás en mi vida,
no la había visto, pero sabía exactamente quién era, pelo negro y liso, ojos
café, tez blanca, muy blanca y una sonrisa que hacía parecer todo lindo, fácil
y perfecto. Alejandra. Me voltee a responder el saludo esperando que no notara
mi cara de sorpresa.
-Hola- Un
escalofrío me recorrió el cuerpo, estaba exactamente igual a la última vez que
la vi, que supe de ella, solo un poco más madura en aspecto, quién sabe, quizá
seguía siendo igual de infantil que hace 12 años, cuando ella entraba a sus 16
y yo mediaba los 18 y supuse que esa característica de ella no dejaría que
mantuviésemos una relación fácil y seria.
-¿Puedo
sentarme contigo?- preguntó con la misma voz que tantas veces me dijo “te amo”.
-Si,
claro- le contesté con la misma voz que tantas veces le dije “yo también te
amo”.
Se sentó
y me miró con los mismos ojos con los que lloró cuando le dije que quería
terminar lo nuestro, que sería “lo mejor”, pero esta vez sonreía.
-No pensé
encontrarte aquí, ¿Trabajas cerca de acá?- Preguntó y volvió a sonreír con esa
sonrisa que acompañó un año y algo de relación.
-Si,
trabajo en aquel edificio- Apunté con el dedo la gran torre que se encontraba
atravesando el cristal de la tienda en frente a la calle- Hace unos 2 años, ¿y
tú, qué haces por acá?
-Empecé a
trabajar ayer en ese mismo edificio- Rió, con la misma risa que acompañaba
todas sus locuras, esas locuras que me hacían tan feliz y que perdí por una
mala decisión-, pero cuéntame, ¿Qué has hecho en estos, 1... 2... 3... 12 años?
-Bueno,
terminé mi carrera, trabajé un tiempo en la empresa donde hice mi practica,
pero luego me ofrecieron mi actual empleo donde me va mejor y aquí estoy…
-No me
refiero sólo a eso- sonrió y se me acercó- ¿Con quién perdiste tu virginidad?
Más de
una vez estuve a punto de acostarme con ella, siempre me gustó mucho su cuerpo,
pero solo tenía 15 cuando empezamos nuestra relación, me hizo esperar un año,
porque decía no querer perder su virginidad antes de los 16, a pesar de que era muy
caliente cuando estábamos solos. Una vez que cumplió los 16 lo intentamos un
par de veces, pero le daba miedo.
La amaba
mucho, lo de no hacerlo nunca me importó, pero de pronto sentí que a mi edad
debería estar con una mujer más acorde a mi, con más experiencia y ese estúpido
pensamiento cegó mi corazón y rompí con ella.
-Con una
compañera de universidad, después de un carrete en el que me había estado
coqueteando, me llevó a su departamento y lo hicimos.
-¿Y te
gustaba?- Justo en el blanco, algo que no quería recordar, siempre le dije que
quería perder la virginidad con alguien a quién quisiera de verdad y esa
persona era ella, siempre lo fue y fue a ella a quién me imaginé aquella noche.
-No, era
linda, pero no me gustaba. ¿y tu? Tenías el mismo pensamiento que yo respecto a
la “primera vez”- sólo que ella sólo estaba con alguien si veía futuro con esa
persona, si iba a estar con alguien, sería con alguien con quién estuviese
dispuesto a casarse y formar una familia a futuro, nunca le gustó la idea de
estar con alguien solo por calentura o por no estar sola, ella es de esas
personas que piensan en el amor como algo eterno y no algo pasajero, y ve el
sexo como algo que sólo puede darse cuando hay amor.
-Bueno, 3
años después de que terminaras conmigo, los cuales estuve soltera, me enamoré
de un compañero de universidad, fue con él, tuvimos una relación bastante
larga...
-¿Y qué
pasó?- La interrumpí pensando que todo había terminado trágicamente con aquella
pareja.
-Nos
casamos hace 3 meses- Un escalofrío me recorrió desde los pies hasta la cabeza
erizándome el pelo.
En
nuestros tiempos tiempos felices yo le prometí un futuro juntos, sus ojos
brillaron ante aquella promesa de “para siempre” que se rompió en pedazos
cuando tomé aquella mala decisión, tiempo después quise buscarla arrepentido, pero
mi orgullo pudo más, además, sería muy hipócrita decirle “te amo” después de
romper su corazón de esa manera.
-Vaya,
felicitaciones por eso- Sentí algo de celos.
-Gracias.-
Tomó un poco de su café- ¿Y qué más? ¿Sigues soltero?
-Si.-
Dije casi sin voz- Aun no encuentro a alguien...
-¿Más
acorde a ti?- Me interrumpió- A ti y a tu edad.- no dijo nada más, vi que
estaba triste ¿Habrá recordado el dolor que le causaron mis palabras?
Reí para
romper la tensión del ambiente.
-No, no
es eso, sólo me he concentrado mucho en mi trabajo y no me he dado el tiempo de
buscar a alguien para mi, he tenido algunos amoríos locos de vez en vez, alguna
mujer que conozco en algún bar, pero ya ni tanto, me quedo solo con mis amigos
por lo general.
-Ah,
entiendo- En ese momento me dí cuenta lo equivocado que estaba cuando la trate
de inmadura, yo aquí sin percatarme de mi soledad y ella ya empezaba a formar
su familia, la cual pudo haber formado conmigo, pero yo me eché hacia atrás.
-Y, al
final, ¿Qué estudiaste? ¿Y dónde?- Ella iba en 3º medio cuando todo terminó, y
yo ya estaba en 1er año de universidad.
-Terminé
por estudiar geología en la Universidad Capital- Siendo ella, no me sorprendía
que haya entrado a la mejor universidad del país, le iba muy bien en el colegio
y probablemente también le haya ido bien en la prueba de selección.
-Vaya,
seguiste el consejo de tu padre.
-Si, salí
sin reprobar ramos, él tenía razón, esa universidad era para mi- Eso también
era de esperarse, pero no dejo de sorprenderme.
Sentí que
toda la plática que llevábamos me había hecho dar cuenta de lo estúpido que
había sido al dejarla ir así, que por no escucharla cuando trataba de salvar lo
nuestro había perdido a una mujer linda e inteligente, que perdí una
oportunidad única. Recordé aquella tarde en que le plantee lo que pensaba y le
dije mi decisión, ella me respondió: “Lucharé por lo nuestro aun cuando ya no
quede nada, porque es lo que mi corazón me dicta” y yo le respondí fríamente:
“Entiende que es lo mejor para los 2”.
Tenía razón, debí haber seguido a mi corazón.
No pude
evitar llorar, me sentía un completo idiota, trate de esconder mis lágrimas
fingiendo que necesitaba sonarme, pero ella se dio cuenta igual.
-¿Qué te
pasa, Cristóbal?- Se preocupó, de la misma forma en que se preocupaba cuando
salía a carretear con amigos y terminaba emborrachándome o fumando en alguna
escalera de la Ciudad Puerto.
Qué
nostalgia la que me invadía, con cada palabra que decía recordaba nuestro
romance hace 12 años y rogaba por volver al pasado, evitar que todo terminara y
ser yo el que se quedara con ella.
-Perdón
Ale, perdón por haberte hecho daño, se que ya no sirve decirlo ahora, pero me
arrepiento tanto de esa estúpida decisión que tomé, sabes, tiempo después de
estar sin ti me di cuenta de cuanto te quería, pero seguía con la misma idea de
que debía estar con alguien más acorde a mi y no te busqué, dejé que el tiempo
se llevara mi amor por ti y me otorgara el olvido, pero al parecer éste no es
efectivo en reencuentros.
-Cristóbal,
yo... perdón, mejor me voy, no debí haber venido- Se levantó y tomó su vaso de
café, me levanté y tomé su mano para detenerla.
-No, Ale,
no te vayas- Vi como una lágrima rodaba por su mejilla-, aun podemos ser
amigos, no quiero perderte...
-Eso fue
exactamente lo mismo que te dije yo hace 12 años- Sonrió- y ya ves, no
funcionó.
-Pero eso
fue porque perdimos el contacto- Mentí.
-Ambos
sabemos que no fue así- Me miró con sus ojos llenos de tristeza.
Es
verdad, ella trató de hablarme tras nuestro final, y yo le respondía cortante o
no lo hacía, esto la hirió más aun, ya que había prometido que no olvidaríamos
la existencia del otro, para ella, aunque ya no fuésemos algo, era importante
seguir en contacto, porque le dolía de sobremanera perder a alguien a quien
había amado tanto, esa fue la segunda promesa que rompí. La única vez que volví
a hablarle fue para ofrecerle que nos acostáramos, a lo cual ella dijo que no.
Sólo tiempo después me dí cuenta de que ese ofrecimiento fue un intento
desesperado de mi inconsciente para recuperarla, aun la amaba.
Solté su
mano mirando hacia el suelo con la esperanza de que se quedara, pero solo oí
sus pasos alejarse y el sonido de la campanilla de la puerta del local después
de que saliera por esta.