sábado, 7 de mayo de 2022

Sun set

El sol caía por la bóveda del cielo, deslizándose suavemente hacia el horizonte, estaba nublado, pero en los pequeños espacios lograba asomar sus rayos entre tanto gris.

El mar también estaba gris, pero el aire era cálido, el agua también. Me internaba a pasos lentos hacia su inmensidad tan atrapante, casi como un sueño. Era gris, blanco por la espuma de la superficie, pero en su movimiento saltaban colores crema que lograba entregar el sol en su dificultoso paso por las nubes. Me sentía atrapada tal vez, pero en un buen sueño, solo seguía internándome hacia las olas que al levantarse mostraban su color turquesa, pero al romper volvían al gris y blanco de espuma que existía más allá. Más allá de la línea donde se formaban las olas, era un camino al sol, al horizonte, hacia el mundo que jamás he conocido, el color me recordaba al frío, al invierno, los destellos de color crema, amarillento, como las murallas de un colegio. Sin embargo esos colores me producían un sentimiento de libertad. Las olas rompían contra mis piernas, contra mi abdomen a medida que me iba internando más hacia el horizonte, más hacia el bello turquesa.

Un recuerdo cruzó como un rayo por mi mente. Sentada sobre rocas, el mar oscuro con sus destellos naranjas, cambiando lentamente entre el rosado y degradándose cada vez más hasta volverse tan negros como el resto, la noche caía y sentía su calor a mi lado, el viento golpeaba tan fuertemente que me daba escalofríos, quería llorar, pero no sucedió, solo recordé mientras me adentraba en la larga playa de arenas grises, con su mar gris y destellos color crema amarillentos, con los güiros café enredándose en mis tobillos, rozando mi piel y haciéndome desaparecer de mis propios sentidos.

El agua salada me llenaba los poros, y de a poco mi pecho también se salpicaba de la espuma blanca, mi vista se había perdido en los destellos, en los vibrantes colores que hacia pasear el sol sobre la superficie del agua gris. Parecía invierno, pero la temperatura era de verano. Sin embargo siento que los segundos antes del suicidio no soy capaz de sentir nada.

Las grandes olas turquesas me llevaron para siempre, tal vez no era realmente lo que quería, pero era el deseo del momento. Desaparecer de la tierra, desaparecer del mundo antes de que vuelva a doler mi corazón.

martes, 1 de febrero de 2022

Tiempo

Nunca quise crecer, nunca quise ser adulto, nunca quise cambiar y ahora los días se derraman entre mis dedos, como agua que sigue su curso, como arena en un reloj y no puedo, no puedo detenerlo. El tiempo corre de mi y yo corro tras él y, sin darme cuenta, ha pasado un mes y, sin darme cuenta, ha pasado un año y, cuando me vuelvo consiente, ya tengo veinte y, cuando alzo la cabeza, ya tengo treinta.

La vida pasa frente a mi como los campos de maíz, cruzando la ventana del auto mientras voy sentada en el asiento de atrás, tan rápido que no alcanzo a distinguir cada una de las plantas, ni ver sus hojas, ni ver sus frutos, mucho menos disfrutar su aroma o su sabor. Un sólido manchón verde, atravesando mi vista de izquierda a derecha, hasta que el campo termina y el auto se estrella.

Será sólo mañana el día en que muera, mientras que fue sólo ayer el día que nací.