El corazón empezó a acelerarse y no era por el café, era por
su mirada sobre mí, por su presencia cerca de mi piel y se me erizaron todos y
cada uno de los vellos del cuerpo. "Detente"; deseé dentro de mi
cabeza, "por favor detente antes de que pierda todo el sentido",
guardé esos sentimientos dentro de mi corazón que no paraba de aumentar su
velocidad y aparenté tranquilidad en ese abrazo.
Sin embargo, cuando me separó de sus brazos me miró a los
ojos y perdí todo el sentido común, atraje su boca a la mía y junté su aliento
con el mío dejando todo raciocinio de lado. Él contestó, no sé porque motivo,
pero me tomó con el mismo interés, con la misma valentía y con la misma pasión
con la que yo lo estaba haciendo mío.
Luego nos separamos otra vez, pero no había nada en sus ojos
y comprendí que aquello no significaba nada, me avergoncé del brillo emocionado
de mi mirada, me avergoncé de lo que había hecho y de cómo me sentía al
respecto. Por un segundo me había dejado creer que podía ser real, pero recordé
que él ya había dado su corazón, recordé que él le pertenecía a otra.