martes, 4 de diciembre de 2018

Columpio

El balanceo suave del columpio me transportaba a otro lugar, a otra época. Varios años más joven, más ilusa, enamorada del amor y de lo que significaba, pero con un corazón roto por la negativa de quien antes me apreció.
Qué tonta, el calor rodeaba mi cuerpo tranquilamente y una brisa movía mi pelo. Entonces existían tantas cosas en mi cabeza que causaban dolor, pero a mi alrededor sólo había pasto, flores silvestres de color amarillo, pequeñas, millones de ellas y un enorme río tranquilo que cruzaba de derecha a izquierda toda mi visión, lo observaba desde una loma al sur.
Qué paz, que ensueño, la vida debería ser siempre así, conectándose con la tierra y botando el dolor.
Me daba cuenta que lloraba por nada, en esa época, en ese lugar, que cálido se sentía el sol besando mi piel.
¿En qué momento perdí todo aquello? ¿En qué momento dejé de ser yo y empecé a sufrir?
Qué tonta me sentía, pero debía soltar, soltar todo en el balanceo del columpio, soltar mi dolor y mi propia existencia. Entonces cerré los ojos llenos de lágrimas y vi todo negro, dejé mi cuerpo en la tierra y empecé a volar. Primero entre las nubes, subiendo y bajando entre su esponjosa humedad, llegando alto y luego dejándome caer en el vasto cielo azul con mi pelo revoloteando a los costados de mi cara.
Pero después quise seguir ¿Qué me ata a la tierra? Corté todos los lazos, todas las cuerdas y me sentí aún más libre, más libre que volar, podía simplemente flotar en el espacio y ver pasar las estrellas, las galaxias, vi en primera fila las nebulosas que me llenaban los ojos y hacían latir mi corazón aún más fuerte de lo que jamás lo hizo en la Tierra.
La Tierra, mi casa, mi hogar, ya no quedaba nada que me atara a aquel lugar, ya sólo parecía un recuerdo, una historia que pasó hace muchos años, una anécdota que conté en una charla de amigos, ya más parecía una mentira, una exageración ¿Qué tanto hay en ese lugar? Se ve tan vacío, no es más que otro cuerpo celeste orbitando alrededor de una estrella. He visto tantas ya, nada hay de especial en esa roca, cuando has visto supernovas, cuando te has enterrado en el polvo estelar de colores de las nebulosas, cuando has visto nacer estrellas. Son diferentes ligas en el juego de la belleza, que hermoso es.
Creo que mi corazón se detuvo, no sé cuando, tal vez hace muchísimos años, tal vez hace sólo un momento, y siento un balanceo, una brisa un poco fría, es otoño ¿Dónde estoy? En el parque que queda a unas cuadras de mi departamento.
Mis manos están frías, mi cuerpo igual y ya se hizo de noche, debo volver a casa.

domingo, 4 de noviembre de 2018

La posibilidad

De todas maneras depende de la cantidad, pero hay una en miles de posibilidades de que al presionar el aleatorio del reproductor de música, toque todas las canciones en el orden que las tienes guardadas, alfabético, por artista, por año, o por orden en que los agregaste a tu playlist. Puedes escucharlo por años, todos los días y posiblemente nunca pase. De todas esas mismas posibilidades quizás infinitas, había una de que al momento de caer en el vacío que era el amor, las cosas resultaran bien.
¿Alguna vez has escuchado tu playlist en orden después de ponerlo en aleatorio? Pues yo no.

lunes, 8 de octubre de 2018

081018 11:23

A veces creo que debería pensar más antes de hacer las cosas, otras veces de tanto pensarlas nunca las hago. Tampoco es como que me arrepienta mucho de las cosas que he hecho sin pensar y si que me arrepiento de las cosas que me he pensado demasiado.
Excepto esta vez, tal vez debí darle más vueltas al tema de abrir mis venas y exponerlas a la luz del sol, pero fue un impulso, mi pecho ardía y quería explotar, había una tormenta dentro de mi que me hacía inhalar, levantando mis costillas hasta que se quemaban al presionarse contra mi piel, faltaba espacio, faltaba espacio para ingresar más aire, para alejar el dolor y el sufrimiento.
Pero ya estaba hecho y, arrepentida o no, no había vuelta atrás. Escuche mi nombre a lo lejos, los colores de la ciudad se alejaban de mi. Desde arriba en el ventanal de mi departamento veía todas las luces, y autos que corrían a toda velocidad, pero por alguna razón empezaba a carecer de sentido.
¿Qué sentido tenía la vida misma?
Alguien me movió, el ventanal se alejó mientras me cargaban fuera de mi hogar, entonces silencio.
La negrura se lo tragó todo, incluso los motivos que me llevaron a tomar esta impulsiva decisión, se tragó el pasado, el presente y sobre todo, el futuro.

domingo, 27 de mayo de 2018

Deseé


Recuerdo haber deseado ser inteligente, tanto que nadie pudiera contrariarme, ser capaz de razonar las verdades del universo.
Recuerdo haber deseado ser bonita, quería ser hermosa y que nadie pudiera ponerlo en duda.
Pero hubo un día en que las cosas cambiaron.
Era una mirada interesada y profunda que atravesaba de lado a lado mi pecho y no sabía cómo responderla.
Ese día deseé dejar de ser humana y quise convertirme en humo, en una niebla que pudiera expandirse sobre todo el mundo y sobre todo el tiempo para poder estar en todos los tiempos posibles, todas las posibilidades existentes y sentir esa mirada una y otra y otra vez, sin importar los cambios, las ideas o los pensamientos, deseé sentirme viva.

viernes, 26 de enero de 2018

Dolor


Dolor. Una explicación poco racional. Tal vez era solo un delirio. Sensibilidad sin sentido. Luego nada.
Era la incompatibilidad más aberrante junto al amor más profundo lo que me estaba destrozando, destrozando desde adentro, sumiendo mis entrañas en la amargura y que como una enfermedad parasitaria infectaba mi ser, sin destrozar nada al exterior, dejando una fachada impecable, una cascara vacía de sentimientos.
En el momento, o tal vez un poco antes, de que todo se durmiera en mi interior, un pequeño suspiro logró salir del más profundo fondo, como un grito ahogado, desesperado, por ayuda, pero no encontró alma que lo recibiera, no encontró auxilio.
El mundo era frío esa noche, las sabanas ásperas, el peso de la existencia caía sobre mis débiles vertebras al mismo tiempo que un abismo se abría bajo mis píes ¿Qué caso tenía todo aquello?
La respuesta no logró encontrarme, la verdad me hundió más entre el magma caliente de la tierra, ya llegando al núcleo de esta, toda luz desapareció de mi vida.
A los instantes siguientes volvía a ver luz, mis ojos rojos de tanto llorar y con las lágrimas aun desbordándolos desfiguraban todas las imágenes que esta radiante luminosidad me entregaba, la tormenta había pasado y sonreía de nuevo, le sonreía a él, después del dolor, después de ahogarme en las entrañas del mismo infierno y él también sonreía, como si nada pasara, como si nada hubiese sido real. Entonces recordaba que el amor le ganaba otra vez al dolor.