martes, 1 de febrero de 2022

Tiempo

Nunca quise crecer, nunca quise ser adulto, nunca quise cambiar y ahora los días se derraman entre mis dedos, como agua que sigue su curso, como arena en un reloj y no puedo, no puedo detenerlo. El tiempo corre de mi y yo corro tras él y, sin darme cuenta, ha pasado un mes y, sin darme cuenta, ha pasado un año y, cuando me vuelvo consiente, ya tengo veinte y, cuando alzo la cabeza, ya tengo treinta.

La vida pasa frente a mi como los campos de maíz, cruzando la ventana del auto mientras voy sentada en el asiento de atrás, tan rápido que no alcanzo a distinguir cada una de las plantas, ni ver sus hojas, ni ver sus frutos, mucho menos disfrutar su aroma o su sabor. Un sólido manchón verde, atravesando mi vista de izquierda a derecha, hasta que el campo termina y el auto se estrella.

Será sólo mañana el día en que muera, mientras que fue sólo ayer el día que nací.