lunes, 1 de agosto de 2016

Asesinato nocturno

En la noche obscura el grito retumbó rasgando el silencio que había entre las murallas. La sangre ensució la alfombra y las paredes, el rojo contrastaba con el blanco de la casa y a la luz de la luna parecía una película de terror.
Luego se escucharon dos respiraciones, una cargada de dolor, agitada y húmeda, y la otra seca, tranquila. El asesino retiró el cuchillo de forma violenta lo cual produjo un sangrado más explosivo, el gemir de la víctima se fue apagando igual que su corazón y pronto, el silencio se hizo de nuevo.

Silencioso, igual que como había aparecido, el asesino desapareció, dejando tras él el cuerpo sin vida de una nueva víctima.

Adolescencia

Él la besó en la noche, ella se emocionó, sus mejillas se encendieron y dejó sus deseos fluir a través de sus labios, él tomó su espalda y acercó su cuerpo al de ella.
Para los jóvenes amantes parecía que el mundo no existía, que habían desaparecido, que no existía nadie, se sintieron invisibles para el mundo entero mientras él la besaba y ella a él.
Sus manos se volvieron a tocar, se entrelazaron sus dedos y toda la historia no fue más que un suspiro, cada pelea, cada llanto se perdió en ese beso. Podrían haber pasado miles de años o tan solo unos segundos, no importaba, era todo lo que existía, ella y él, él y ella.