lunes, 7 de septiembre de 2015

Beso en la lluvia, Preludio

Estaba en mi cama tratando de dormir, hecha un ovillo, en posición fetal abrazando mi peluche. De un momento a otro pasé a un estado de medio sueño. Juraría que podía sentirlo ahí en mi cama, abrazándome, haciéndome cariño, sabía que no era así, pero quería que lo fuera.
Dejé a mi mente volar fuera de la conciencia y me hundí en sus brazos imaginarios, sentí su aroma, mis sentidos se inundaron de él.
Cuando llegué al sueño lo vi a él en blanco y negro, también podía distinguir algunos matices de verde y violeta. Mi felicidad era tan extrema que mi pecho dolía, me ahogué en su presencia y dejé llevarme por el ritmo de la música que empezó a sonar. Nuestros cuerpos empezaron a danzar en aquel gran salón, el piso era liso y regular, a través de los grandes ventanales noté que era de noche. Las largas cortinas colgaban desde el altísimo techo. Las murallas eran color blanco y los diferentes cuadros le daban toques de color verde y violeta al inmaculado y gran salón.
Mi cuerpo era como vapor que él llevaba con sus manos, me elevaba, giraba y me hacía fluir como sólo es posible en los sueños. Pegada a él como estaba sentí el suave roce del género de su ropa contra mí. Todo era suave a su alrededor y me sentí, otra vez, como una nube, como si el mundo entero colgara bajo mis pies, pero no tenía que preocuparme, sólo tenía que disfrutar ser llevada por él en su ritmo perfecto.
De pronto, un fuerte trueno rompió el ritmo de la música y empezó a llover, las gotas golpearon las ventanas fuertemente y el lugar se llenó de gente, aparecieron de la nada y se sentía incómodo y triste, como si hubiesen entrado hasta la intimidad de mi cuerpo, desesperada tomé su mano y corrí hacia las puertas del salón, mis zapatos amenazaron con salirse, así que simplemente los tiré fuera de mis pies. Corrí hasta atravesar las gigantescas puertas, él me seguía.

La puerta se cerró tras nosotros y desapareció junto con todo sentimiento de malestar, llovía fuerte, lo acerqué hacia mí y lo besé, lo besé como si fuera mío, sólo mío.

Arena

Ella pensó en la profundidad de sus labios y el sabor de sus pupilas, abrazó su aliento en su imaginación y se dejó llevar por el sonido de su voz. Sin tomar en cuenta el resto del mundo pudo sentir que la música la rodeaba y que cada célula de su cuerpo vibraba mientras se movía al compás de un vals desconocido, sintió sus pies moverse y una mano en su espalda que la llevaba por el mundo entero sin perder el ritmo ni la pasión.
Él era un sueño, en sus manos, en su mente. El universo giraba a su alrededor, ella en un vestido largo, su pelo tomado en un elegante peinado y su cuello descubierto, él vestía un impecable smoking negro, su corbatín hacía juego con el rojo vestido de ella, y también con sus ojos que habían cambiado del azul profundo al rojo, un profundo rojo, como la sangre. Pero ella no se inmutó, siguió mirándolo como lo miraba, entregada totalmente a su brillo.
Lentamente el besó su boca, besó una comisura, besó su mandíbula, besó la curva de su cuello y se quedó ahí, la besó de nuevo y luego pasó su lengua por donde mismo la había besado. Con sus ojos cerrados ella inhaló y aguantó la respiración, él, también con los ojos cerrados, abrió su boca y mordió su cuello, bebió su sangre. Ella se desmayó en sus brazos, él no paró y bebió hasta que ella se volvió arena, arena que cayó entre sus dedos y el vestido. Una lágrima rodó por la mejilla de él.

Ella despertó de su sueño, el mundo seguía en el mismo lugar, no había sangre, no había arena, no estaba él, solo ella y el resto del mundo.

Play

Marcó play al aleatorio de su repertorio de música. Apenas sonó la primera nota ella sonrió, identifico la canción porque la había escuchado miles de veces. Cerró los ojos y recordó la primera vez que la escuchó, él la había mandado junto con una interesante historia.
La canción hablaba, entre rimar y guitarras, algo sobre sus ojos y cómo el mundo cambiaba cuando ella los abría. Se permitió recordar aquellas cosas, recordó cómo se sentía especial, y hasta el día de hoy se sentía especial, como si se hubiesen inspirado en ella. Se había imaginado como sería el videoclip de la canción con ella en él.
Luego de esa canción sonó otra, dejándola sorprendida por las coincidencias, escuchó la canción que ella misma había tarareado, con su letra en francés, la cantante decía que le habían contado que él todavía la amaba.
Cuando la segunda canción terminó, ella sonrió a aquella jugada que le había hecho la vida. Se permitió recordar un poco más y las canciones pasaron y pasaron.
Al rato se quedó dormida, pero ella jamás olvidaría. Uno puede enterrar mucho su pasado, pero lo que pasa, se queda por siempre en la mente y en el corazón.

Se había permitido hacer y deshacer en su vida y había encontrado su propia verdad, pero su camino hasta esta, siempre sería parte de su vida.