Estaba acostada en el muro de mi colegio, trataba de dormir, era el recreo después de almuerzo, yo estaba allí y el resto también. Los escuchaba hablar, los escuchaba conversar, todos conversaban, todos gritaban, cantaban, hacían apuestas y reían. Yo estaba allí, trataba de dormir y no podía.
Miré el cielo, era celeste, profundo celeste, un par de nubes vagaban por él. El sol caía sobre mi, caía sobre todos, hacía calor, me relajaba, hacía calor. El travesaño del arco de fútbol partía a la mitad el edificio del campanario de la capilla y su cruz tocaba el cielo, el celeste cielo.
Escuchaba las diferentes conversaciones, no entendía nada, porque no les ponía atención, sólo era ruido y algunas palabras locas por ahí. Cerré los ojos y los escuchaba, abrí los ojos y estaba sola, totalmente sola, todos habían desaparecido, no había, ni si quiera una persona, ni un alma, ni un suspiro más que el del viento, ni un par de ojos perdidos, nadie...
Me levanté del muro y bajé de él, comencé a caminar y a observar. Vi algunas cosas que nunca había visto, porque siempre había gente allí y caminé por lugares que nunca había pisado, escuché sonidos que nunca había oído y sentí que el viento me llegaba más fuerte, porque no habían personas que lo cohibieran antes de que llegara a mi.
Llegué a una de las grandes avenidas y caminé lentamente por el medio de ésta, después de un rato me senté. En aquel mismo lugar, hace una o dos horas, pasaban autos a toda velocidad, corriendo a sus vidas, corriendo por sus vidas y, hasta, corriendo de sus vidas.
Historias de Drucilvania es un blog donde escribo cosas que siento, me gusta pensar que vivo en otro país creado por mi, Drucilvania, que se encuentra en el continente de Ilionis, escondido en el océano pacifico. Espero hacerte sentir algo con las palabras que dejo aquí.
lunes, 12 de agosto de 2013
¡Corre!
Correr, correr era lo único que hacía, corría, sin descanso, sólo corría, creo que era por mi vida, corría y corría. Mi corazón estaba a punto de estallar, pero debía correr, mi visión se iba a negro, mi cabeza, me dolía la cabeza y yo corría, algo me iba a alcanzar, yo corría, nadie iba junto a mi, nadie iba por delante de mi, pero estaba segura de que algo, no sé qué, iba detrás de mi, lo podía sentir, por eso corría y corría y corría.
¿Fue un sueño? No lo creo, porque aun no dejo de correr y nunca lo haré.
¿Fue un sueño? No lo creo, porque aun no dejo de correr y nunca lo haré.
miércoles, 3 de julio de 2013
Una típica y común historia de fantasmas
Tuuuuut…
Tuuuuut…
Mi amiga
contesto contestó el teléfono. Después de preguntarme como estaba me dijo:
-
Pero, dime, ¿por qué no viniste esa noche? – me
preguntó. Ella hace dos meses había organizado una fiesta y yo había dicho que no iba a faltar, por
ningún motivo. - Nunca me lo dijiste…Bueno, no sabía de ti desde que me
llamaste alarmada ese día para decirme que no irías…Pero, ¿qué paso al final?
-
Es difícil de explicar. Fue algo muy extraño, pero
estoy bien.
-
Pero, ¿qué pasó?
-
Te cuento. Estaba yo en mi casa, arreglándome para ir
a la fiesta. Me bañé, me sequé el cabello y cuando me estaba vistiendo, paso
algo extraño. Yo estaba sola en casa, oí un ruido fuerte y seco en la cocina.
Bajé para mirar qué sucedía. La luz del pasillo estaba encendida, como si la
hubiese encendido alguien para que yo pasara, y a medida de que iba caminando
las luces se encendían para alumbrarme el camino. Eso me empezó a asustar y mi corazón latió más y más rápido.
Me daba miedo seguir avanzando, pero debía descubrir qué pasaba. Cuando llegué
a la cocina, me pareció ver por el rabillo del ojo una silueta blanca caminando
hacia mí. Rápidamente me di la vuelta, pero no había nada. Luego, todas las
luces se apagaron. Ahí yo casi me infarté. Me costaba respirar. Salí corriendo
hacía la puerta de calle, pero estaba atorada. No la podía abrir. Me puse a
llorar y me desesperaba cada vez más y
más.
-
Y ¿qué era? – dijo mi amiga entre asustada y
emocionada.
-
¿Qué era? Mi peor pesadilla. Siempre, cuando tenía
pesadillas, se trataban de algo parecido. Espíritus, algo más allá de lo real,
algo desconocido para mí y que viene a asustarme.
-
Bueno. ¿Y qué paso? –
preguntó ansiosa
-
Me dejé caer al suelo, busqué mi celular en el
bolsillo para hacerme un ovillo al lado de la puerta. Pero cuando lo encontré, una mano pálida como
de harina lo tomó y me dijo: “no llames a nadie, no quiero dejar de jugar aún”.
Yo me puse a llorar y a gritar, pero nadie me escuchó. De haberse escuchado los
vecinos habrían venido a ver qué pasaba. Luego, todas las cosas empezaron a
moverse. Los cuadros que estaban colgados se agitaban y golpeaban contra las
paredes, las copas de cristal se golpeaban una y otra vez en el estante, las
paredes crujían y los muebles se movían.
La voz que me había hablado antes dijo: “quiero jugar. Si no juegas conmigo
haré esto cada vez que estés sola y terminarás suicidándote. Juguemos, estoy muy aburrida ¡QUIERO
JUGAAAAR!”. Y yo le contesté: “¿Y a qué quieres jugar? Dime qué quieres jugar y
yo jugaré contigo pero, por favor, detente. Deja de hacer ruido, ¿sí?”
Luego ella
me dijo: “Está bien. Detendré esto, pero solo si me juras que cada vez que yo
esté aburrida jugarás conmigo”. “¡Está bien, está bien. Lo que tú quieras, pero
por favor no sigas!”. Entonces paró todo el ruido, se encendieron las luces y
pude ver mi casa. Levanté la cabeza pensando en que iba a encontrar un gran
desastre, pero cuando abrí los ojos todo estaba en perfecto orden. Los muebles
en su lugar, los cuadros derechos y en la cocina no se veía loza rota. Miré
hacia el salón y ahí estaba. Una pequeña aura blanca, debía medir unos 120 centímetros . No
se veía que sus pies llegaran al suelo. Era muy delgada, blanca como sal y tan delicada
cual figurita de cristal.
“¿Quién
eres?” - le pregunté. “Me llamo Tamara”-
me contestó. “Y… ¿qué… haces aquí?” – volví a indagar con voz entrecortada.
“Aquí estaba en mi último segundo de vida. Morí en la habitación que ahora
ocupas tú. He estado mucho tiempo llamándote en sueños, pero nunca has
contestado. No hallo qué más hacer, por eso decidí llamarte con más ganas. Me
aburro mucho. Este lugar es aburrido”.
Tenía el
corazón en la recta final hacia el infarto. “¿Qué… qué quieres hacer?”-
respondí. “Dime tu nombre” “Eeh… So…Soy Alejandra”.
Luego dijo:
“Vamos, relájate un poco. ¿Qué tal si empezamos a jugar?”. “Como tu quieras” - le
dije. “Está bien. – agregó. “Juguemos al cambio de cuerpos: tu alma sale y la
mía entra”. Aterrada respondí “¿Cómo? No quiero salir de mi cuerpo, me da
miedo”. “Cállate y relájate. Verás que es muy divertido. Te dejaré volver a
entrar en él en dos meses.”.
No alcancé
a decir nada cuando ella me tomó y se introdujo en mi cuerpo. Luego de eso todo
se puso oscuro, pensando que aún tenía control de él, corrí hacia mi cuarto.
Cuando traté de cerrar la puerta, mi mano atravesó la manilla.
-
Espera, espera – dijo mi amiga, confundida. -¿En
realidad fuiste un alma durante dos meses hasta que esa niña te devolvió tu
cuerpo? No te creo.
-
Rayos… Me descubriste – solté una carcajada
-
Cuéntame, qué paso en realidad.
-
Me resfrié el día de la fiesta y no pude ir. Además,
mi papá quedo cesante y con los ahorros quiso tomar vacaciones antes de seguir
buscando trabajo. Nos fuimos al norte a la casa de unos tíos y como ya faltaba
poco para las vacaciones, decidimos quedarnos más de lo que al comienzo
planificamos.
-
Eso me parece más razonable – rió fuertemente
-
Sí... Bueno, tengo que colgar.
-
¿Por qué? La noche es joven, ¿Por qué no salimos a
alguna parte?
-
Lo siento. Tú ya sabes, Tamara se hizo amigos y me
pidió el cuerpo prestado para ir a una fiesta.
-
¿Qué?
Tut, tut, tut, tut.
Una risita se escucho en la noche…
Ricardo Carvallo: Breve relato de su lucha.
Y sentada
en la plaza, donde hace 150 años la importante guerra de independencia daba
final en la última batalla, recuerda, Cristina, la historia de un simple
soldado que con su valentía llevo a su patria a la independencia, pero más
importante, a la libertad, la historia cuenta que sucedió así:
Un día
soleado de primavera (22 de Septiembre), la señora Eloísa después de tomar su
café de la mañana, entra en labores de parto y a las 10:29 de la mañana nace un
varón, hijo de Demetrio Carvallo y Eloísa Tamarelio, su nombre era Ricardo
Franco Carvallo Tamarelio, creció en una familia humilde y esforzada, fue a la
escuela publica de Finchdelad, una pequeña ciudad del país de Drucilvania, y
cuando cumplió los 18 años entro al ejército de su país.
Un día,
sin más, el país vecino, Destorvia, invade la pequeña nación. Drucilvania
siempre había sido dependiente de este, pero nunca habían invadido el país de
esa forma, tratando de convertir la pequeña nación en otra región más del gran
Destorvia. Ahí es donde empieza la guerra.
Reunido
todo el ejército en el salón principal de conferencias y trazados de misión se
explica la situación a los soldados, el enemigo era fuerte y muy disciplinado.
Ricardo
veía todo muy difícil, conocía las tácticas de guerra como la palma de su mano
y se sentía lo suficientemente valiente como para dar su vida para liberar la
tierra que lo vio crecer, pero, puede que con eso no bastara, puede que no
fuera suficiente ser valiente, el enemigo es fuerte, y no siente miedo por
luchar. Cohibido estaba por este sentimiento, pero se lo guardó, no quería
impartir temor a sus compañeros que se veían tan tranquilos.
Con el
mismo sentimiento vio acercarse el día del combate, el día en que iban a atacar
al enemigo en su propio campamento, cada día su corazón latía más fuerte, pero
no por miedo, por ansiedad, por ganas a saber que era lo que iba a pasar.
Y el día
llego, en la noche, el ejercito libertador fue de carpa en carpa degollando a
los enemigos, pero un grito desgarrado por dolor despertó al resto convirtiendo
la matanza nocturna en un combate a sangre fría. Fueron acecinados la mitad del
ejercito enemigo, mas el ejército de Ricardo sufrió, también, una grave
perdida.
Así se
llevaron las batallas, muertes y más muertes, pero Ricardo mantenía su
valentía, él sabia que todo iba a estar bien, que el país iba a ganar su guerra.
Ricardo sentía un amor muy grande a su patria y no quería verla convertida en
una pequeña región de otro.
El día de
la gran batalla final, sus compañeros se veían muy atemorizados, ya que el
frente se les había hecho muy fuerte, los superaban por alrededor de 100
soldados.
Hasta que
al fin llego el día. Cada soldado con su fusil en la mano y su uniforme cantaba
el himno nacional y se despedía de sus respectivas familias que pensaban en
como seguir sus vidas con un integrante menos, las esposas y los niños
sollozaban al pensar que podría ser la última vez que vieran a sus parientes,
mas la familia de Ricardo no se encontraba, sus padres habían muerto por
represión de los soldados extranjeros y no tenia hermanos, así que su despedida
no fue hacia familiares ni amigos, sino que a la gran bandera nacional que
colgaba de la muralla del castillo presidencial, con una señal de respeto,
saludo a las familias de sus compañeros y se fue a formar a su fila, deseoso de
que todo llegara a su fin y su patria fuera independiente.
El camino
hacia el lugar de la batalla fue largo, solo pensaba en que podría pasar si
perdían la batalla y lo ultimo que quedaba de su ejército era destruido, no
podía pensar que todo el esfuerzo y las muertes fueran en vano.
Llegados
al lugar armaron trincheras y se escondieron allí, esperando la llegada del
enemigo, pero cuando este llegó, todos los soldados perdieron la esperanza de ganar.
El frente enemigo se veía como del doble del nacionalista, nadie sabía que
hacer, todos empezaron a temblar y a desear nunca haber nacido, pero Ricardo
permanecía con su valor de siempre. Y no aguanto la situación.
Con un
general asustado y sus compañeros como piedras por el miedo hacia el ejército
contrario, escondidos en las trincheras, ya con ganas de huir del lugar para
salvar sus vidas, se levanta con su fusil en la mano, el pecho hinchado de aire
y erguido, de tal forma que su voz se escuchara fuerte y clara y les dice a sus
compañeros:
“Señor general, compañeros, veo aquí un tropa
de cobardes, ¿Acaso todos piensan en huir y salvar sus vidas? ¿Acaso no
recuerdan por qué estamos aquí? No estamos para ser recordados como el grupo de
gallinas, culpables de que el enemigo avance sobre nuestra nación, estamos aquí
para luchar con honor y lograr la libertad de lo que es nuestro. Por esto,
puede que sean estos nuestros últimos minutos de vida, pero moriremos por
nuestro país, por nuestra gente, por lo que amamos. Tal vez perdamos muchas
vidas jóvenes, pero eso dará paso a una era de libertad, donde los hijos de
estas tierras crezcan felices, libres y no como esclavos. ¡Compañeros! Estamos
luchando por nuestra patria, por nuestro honor, por el honor de nuestra gente,
en un futuro próximo ellos podrán decir:
- Si, mi país gano su independencia, y ahora vive libre de represión y
abusos.
Seremos felices. Y si perdemos la batalla, no moriremos como cobardes,
moriremos con honor, y se nos recibirá en el cielo como valientes guerreros que
dieron la vida por su patria.
¡Compañeros! Hay que luchar por nuestra libertad, ¡Por nuestra patria!”
- ¡Viva! –
Gritaron todos los soldados al unísono.
Salieron
todos corriendo de las trincheras, el general sobre su caballo y los soldados
tras él, cargando toda la furia del pueblo en contra del enemigo, ganado la
ultima batalla.
Pero
Ricardo Carvallo no disfruto la gloria, fue acecinado por el ultimo de los
soldados enemigos, que lleno de rabia enterró su espada en el pecho de Ricardo.
El mismo Ricardo que es recordado por su acto de dar valor a todos sus
compañeros y por luchar sin temor a la muerte, porque el amor hacia su patria
era más grande que el amor hacia el mismo, por lo que él murió feliz, feliz de
haber dado la libertad a su tierra.
En honor a
los héroes fue construida esta plaza, en honor al recordado ejército, y en el
centro de esta se encuentra una estatua en honor al libertador, al grande, al
valiente, Ricardo Carvallo.
Recuerda
Cristina la historia de los héroes patrios de su nación, esta nación
inexistente para ustedes, pero que contiene una cultura enorme, y su historia
es la más gloriosa y honorable contada por el hombre.
Reencuentro en el cielo
Se escuchó un fuerte ruido en la alameda, el
auto quedó destrozado.
Lo miré a los ojos, pero su figura se fragmentó
por un par de lágrimas que se asomaron.
- Te amo - dije con desesperación.
- No te preocupes, al final, por mucho que nos separen nuestros caminos, siempre podremos encontrarnos en el cielo.
Sus ojos se cerraron y me besó.
- Te amo - dije con desesperación.
- No te preocupes, al final, por mucho que nos separen nuestros caminos, siempre podremos encontrarnos en el cielo.
Sus ojos se cerraron y me besó.
La gatita en la noche
Llovía fuerte en la noche,
me encontraba muy lejos de mi casa, al otro lado de la ciudad, no traía dinero
para tomar un taxi y mi celular había perdido la batería. El viento era
demasiado y me costaba avanzar, no podía seguir así.
Más adelante vi la entrada
de un callejón, entré allí, el agua llegaba igual, pero por lo menos no el
viento, me estaba congelando, el frío era demasiado. Escuche un ruido que me
asustó, corrí hacia adentro en el callejón y encontré una puerta, no tenía más
opción y decidí entrar.
Estaba cálido y oscuro...
"Permiso, perdón por entrar así, la puerta estaba abierta y la lluvia esta
muy fuerte afuera, por favor, déjeme quedar aquí mientras pasa la
lluvia"... no hubo respuesta. Me saqué la chaqueta, "Permiso...",
nadie hablaba.
Caminé un poco hacia
adentro, el lugar era pequeño, unos 20 metros cuadrados
app, no tenía muchos muebles, avanzaba lento. De repente pase a patear algo, me
fijé bien, era un ovillo de lana, levante la cabeza. "Hola..." dijo
una figura, solo veía una silueta negra gracias a la obscuridad, sentí algo
como una cola peluda que me acarició una mejilla, asustado salté hacia atrás,
"No te asustes, ¿quién eres?", "Discúlpeme, señora,
señorita"... "Gatita", me interrumpió, "Ah, Gatita, perdón,
mi nombre es Andrés, no quise molestarla, entré porque la lluvia esta muy
fuerte afuera, estaba muriendo de frío", "Ah, no hay problema, no
eres el primero que pasa por esto, no te preocupes, puedes quedarte",
"Muchas gra...", "Pero con una condición", "Lo que
sea"... Escuché una risa y ya no la veía.
Estaba asustado, me acerqué
a la puerta y cuando estaba a punto de salir pensé, "Si salgo, muero de
hipotermia seguramente, podría intentar". Decidí quedarme, me senté al
lado de la puerta.
De pronto se hizo luz, era
una vela detrás de algún mueble, podía ver su luz, pero no la vela. Vi la
sombra de la persona con la que había conversado anteriormente, se movía lento
y tenía algo extraño, una prolongación de la espalda en la parte más baja de
ella, ¡UNA COLA!. ¿Qué era eso?, trague saliva, pero sentí un sudor frío caer
por mis sienes.
Apareció tras un sofá una
criatura mitad humana mitad gato, tenía un cuerpo mayoritariamente humano, pero
tenía tres bigotes por lado que crecían de su cara, unos ojos penetrantes y de
pupilas estiradas y una cola, UNA COLA, que se retorcía de un lado a otro.
"¿¡¿¡Qué eres
tú!?!?" no pude evitar gritar. Se abalanzó sobre mi y puso su mano en mi
boca, "Shhhht... pequeño, lo has arruinado, lastima, tenía esperanzas en
ti. Veo que ni un hombre puede dejar de lado mis diferencias y evitar el grito,
que pena, dicen que la tercera es la vencida, pero ya voy en los 10. Ven
conmigo, te gustará el sótano de torturas"... Después de eso no volví a
ver la luz del día... y cada 10 años llegaba un integrante nuevo, todos durante
lluvias incesantes y tras haber gritado de espanto ante esta aberración de la
naturaleza, todos a la misma edad, todos a la misma fecha, todos al 28 de
Agosto, todos torturados, pero ya no éramos humanos, no, ahora éramos gatos...
Ella para él
Por fin aquella
noche la había hecho mía, su cuerpo pálido como el papel yacía sobre las
sabanas rojas, su vientre hacia abajo, oía su lenta respiración y el pálpito de
su corazón rompía el tranquilo silencio. Su cara se escondía entre sus brazos,
su pelo castaño despeinado completamente, sus ojos verdes cerrados, estaba
durmiendo, junto a mí, ella estaba durmiendo.
La curva de su
espalda llamaba el tacto de mis dedos, pero tenía miedo, tenía miedo, TENÍA
MIEDO. Su pequeño cuerpo se veía frágil, como una figurita de porcelana que
podría resbalarse de mis dedos, y yo no quería eso, pero deseaba demasiado
hacerlo, solo quería tocarla, SOLO QUERÍA TOCARLA.
No lo resistí, y con
el mayor de los cuidados posé la yema de mis dedos sobre su espala, ¡pero que
piel más suave!, entre el deleite de la blanca suavidad de su piel acaricié
desde lo más alto a lo más bajo de su tronco, ella dormía, y yo solo quería
tocarla.
Un sentimiento imposible
de explicar, mi corazón se inundaba de felicidad ante aquel contacto, toqué su
espalda, toqué sus brazos, toqué su pelo, toqué su cintura, toqué sus caderas.
Ella dormía, tras
haber sido mía, yo la deseaba, yo solo quería tocarla.
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