Llovía fuerte en la noche,
me encontraba muy lejos de mi casa, al otro lado de la ciudad, no traía dinero
para tomar un taxi y mi celular había perdido la batería. El viento era
demasiado y me costaba avanzar, no podía seguir así.
Más adelante vi la entrada
de un callejón, entré allí, el agua llegaba igual, pero por lo menos no el
viento, me estaba congelando, el frío era demasiado. Escuche un ruido que me
asustó, corrí hacia adentro en el callejón y encontré una puerta, no tenía más
opción y decidí entrar.
Estaba cálido y oscuro...
"Permiso, perdón por entrar así, la puerta estaba abierta y la lluvia esta
muy fuerte afuera, por favor, déjeme quedar aquí mientras pasa la
lluvia"... no hubo respuesta. Me saqué la chaqueta, "Permiso...",
nadie hablaba.
Caminé un poco hacia
adentro, el lugar era pequeño, unos 20 metros cuadrados
app, no tenía muchos muebles, avanzaba lento. De repente pase a patear algo, me
fijé bien, era un ovillo de lana, levante la cabeza. "Hola..." dijo
una figura, solo veía una silueta negra gracias a la obscuridad, sentí algo
como una cola peluda que me acarició una mejilla, asustado salté hacia atrás,
"No te asustes, ¿quién eres?", "Discúlpeme, señora,
señorita"... "Gatita", me interrumpió, "Ah, Gatita, perdón,
mi nombre es Andrés, no quise molestarla, entré porque la lluvia esta muy
fuerte afuera, estaba muriendo de frío", "Ah, no hay problema, no
eres el primero que pasa por esto, no te preocupes, puedes quedarte",
"Muchas gra...", "Pero con una condición", "Lo que
sea"... Escuché una risa y ya no la veía.
Estaba asustado, me acerqué
a la puerta y cuando estaba a punto de salir pensé, "Si salgo, muero de
hipotermia seguramente, podría intentar". Decidí quedarme, me senté al
lado de la puerta.
De pronto se hizo luz, era
una vela detrás de algún mueble, podía ver su luz, pero no la vela. Vi la
sombra de la persona con la que había conversado anteriormente, se movía lento
y tenía algo extraño, una prolongación de la espalda en la parte más baja de
ella, ¡UNA COLA!. ¿Qué era eso?, trague saliva, pero sentí un sudor frío caer
por mis sienes.
Apareció tras un sofá una
criatura mitad humana mitad gato, tenía un cuerpo mayoritariamente humano, pero
tenía tres bigotes por lado que crecían de su cara, unos ojos penetrantes y de
pupilas estiradas y una cola, UNA COLA, que se retorcía de un lado a otro.
"¿¡¿¡Qué eres
tú!?!?" no pude evitar gritar. Se abalanzó sobre mi y puso su mano en mi
boca, "Shhhht... pequeño, lo has arruinado, lastima, tenía esperanzas en
ti. Veo que ni un hombre puede dejar de lado mis diferencias y evitar el grito,
que pena, dicen que la tercera es la vencida, pero ya voy en los 10. Ven
conmigo, te gustará el sótano de torturas"... Después de eso no volví a
ver la luz del día... y cada 10 años llegaba un integrante nuevo, todos durante
lluvias incesantes y tras haber gritado de espanto ante esta aberración de la
naturaleza, todos a la misma edad, todos a la misma fecha, todos al 28 de
Agosto, todos torturados, pero ya no éramos humanos, no, ahora éramos gatos...
Y así fue como no pasó agosto.
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