Todas las mañanas despertaba en la misma vieja cama,
el suelo era frío, por lo que se ponía de inmediato sus viejos zapatos, bajaba
entre quejidos las viejas escaleras y en la vieja cocina preparaba café en la
vieja cafetera. Leía su viejo diario junto al café que se enfriaba mientras
leía el mismo artículo de antaño. A la tarde encendía el viejo televisor y
sentía rabia, rabia porque el mundo ya no era como antes.
Al caer la noche subía la vieja escalera, se quitaba los
viejos zapatos y dormía en la vieja cama, cerrando un ciclo que volvía a
empezar cada mañana otra vez