Tuuuuut…
Tuuuuut…
Mi amiga
contesto contestó el teléfono. Después de preguntarme como estaba me dijo:
-
Pero, dime, ¿por qué no viniste esa noche? – me
preguntó. Ella hace dos meses había organizado una fiesta y yo había dicho que no iba a faltar, por
ningún motivo. - Nunca me lo dijiste…Bueno, no sabía de ti desde que me
llamaste alarmada ese día para decirme que no irías…Pero, ¿qué paso al final?
-
Es difícil de explicar. Fue algo muy extraño, pero
estoy bien.
-
Pero, ¿qué pasó?
-
Te cuento. Estaba yo en mi casa, arreglándome para ir
a la fiesta. Me bañé, me sequé el cabello y cuando me estaba vistiendo, paso
algo extraño. Yo estaba sola en casa, oí un ruido fuerte y seco en la cocina.
Bajé para mirar qué sucedía. La luz del pasillo estaba encendida, como si la
hubiese encendido alguien para que yo pasara, y a medida de que iba caminando
las luces se encendían para alumbrarme el camino. Eso me empezó a asustar y mi corazón latió más y más rápido.
Me daba miedo seguir avanzando, pero debía descubrir qué pasaba. Cuando llegué
a la cocina, me pareció ver por el rabillo del ojo una silueta blanca caminando
hacia mí. Rápidamente me di la vuelta, pero no había nada. Luego, todas las
luces se apagaron. Ahí yo casi me infarté. Me costaba respirar. Salí corriendo
hacía la puerta de calle, pero estaba atorada. No la podía abrir. Me puse a
llorar y me desesperaba cada vez más y
más.
-
Y ¿qué era? – dijo mi amiga entre asustada y
emocionada.
-
¿Qué era? Mi peor pesadilla. Siempre, cuando tenía
pesadillas, se trataban de algo parecido. Espíritus, algo más allá de lo real,
algo desconocido para mí y que viene a asustarme.
-
Bueno. ¿Y qué paso? –
preguntó ansiosa
-
Me dejé caer al suelo, busqué mi celular en el
bolsillo para hacerme un ovillo al lado de la puerta. Pero cuando lo encontré, una mano pálida como
de harina lo tomó y me dijo: “no llames a nadie, no quiero dejar de jugar aún”.
Yo me puse a llorar y a gritar, pero nadie me escuchó. De haberse escuchado los
vecinos habrían venido a ver qué pasaba. Luego, todas las cosas empezaron a
moverse. Los cuadros que estaban colgados se agitaban y golpeaban contra las
paredes, las copas de cristal se golpeaban una y otra vez en el estante, las
paredes crujían y los muebles se movían.
La voz que me había hablado antes dijo: “quiero jugar. Si no juegas conmigo
haré esto cada vez que estés sola y terminarás suicidándote. Juguemos, estoy muy aburrida ¡QUIERO
JUGAAAAR!”. Y yo le contesté: “¿Y a qué quieres jugar? Dime qué quieres jugar y
yo jugaré contigo pero, por favor, detente. Deja de hacer ruido, ¿sí?”
Luego ella
me dijo: “Está bien. Detendré esto, pero solo si me juras que cada vez que yo
esté aburrida jugarás conmigo”. “¡Está bien, está bien. Lo que tú quieras, pero
por favor no sigas!”. Entonces paró todo el ruido, se encendieron las luces y
pude ver mi casa. Levanté la cabeza pensando en que iba a encontrar un gran
desastre, pero cuando abrí los ojos todo estaba en perfecto orden. Los muebles
en su lugar, los cuadros derechos y en la cocina no se veía loza rota. Miré
hacia el salón y ahí estaba. Una pequeña aura blanca, debía medir unos 120 centímetros . No
se veía que sus pies llegaran al suelo. Era muy delgada, blanca como sal y tan delicada
cual figurita de cristal.
“¿Quién
eres?” - le pregunté. “Me llamo Tamara”-
me contestó. “Y… ¿qué… haces aquí?” – volví a indagar con voz entrecortada.
“Aquí estaba en mi último segundo de vida. Morí en la habitación que ahora
ocupas tú. He estado mucho tiempo llamándote en sueños, pero nunca has
contestado. No hallo qué más hacer, por eso decidí llamarte con más ganas. Me
aburro mucho. Este lugar es aburrido”.
Tenía el
corazón en la recta final hacia el infarto. “¿Qué… qué quieres hacer?”-
respondí. “Dime tu nombre” “Eeh… So…Soy Alejandra”.
Luego dijo:
“Vamos, relájate un poco. ¿Qué tal si empezamos a jugar?”. “Como tu quieras” - le
dije. “Está bien. – agregó. “Juguemos al cambio de cuerpos: tu alma sale y la
mía entra”. Aterrada respondí “¿Cómo? No quiero salir de mi cuerpo, me da
miedo”. “Cállate y relájate. Verás que es muy divertido. Te dejaré volver a
entrar en él en dos meses.”.
No alcancé
a decir nada cuando ella me tomó y se introdujo en mi cuerpo. Luego de eso todo
se puso oscuro, pensando que aún tenía control de él, corrí hacia mi cuarto.
Cuando traté de cerrar la puerta, mi mano atravesó la manilla.
-
Espera, espera – dijo mi amiga, confundida. -¿En
realidad fuiste un alma durante dos meses hasta que esa niña te devolvió tu
cuerpo? No te creo.
-
Rayos… Me descubriste – solté una carcajada
-
Cuéntame, qué paso en realidad.
-
Me resfrié el día de la fiesta y no pude ir. Además,
mi papá quedo cesante y con los ahorros quiso tomar vacaciones antes de seguir
buscando trabajo. Nos fuimos al norte a la casa de unos tíos y como ya faltaba
poco para las vacaciones, decidimos quedarnos más de lo que al comienzo
planificamos.
-
Eso me parece más razonable – rió fuertemente
-
Sí... Bueno, tengo que colgar.
-
¿Por qué? La noche es joven, ¿Por qué no salimos a
alguna parte?
-
Lo siento. Tú ya sabes, Tamara se hizo amigos y me
pidió el cuerpo prestado para ir a una fiesta.
-
¿Qué?
Tut, tut, tut, tut.
Una risita se escucho en la noche…