Ella cerró los ojos y se dejó atrapar por los recuerdos. Su
espalda fue rozada con la yema de unos dedos y su cuello fue besado. Dejó de
huir de aquello que tanto anhelaba, dejó de negarlo y se entregó al deseo en
su más pura esencia. Ella estaba sola, de pie en su habitación, ni el soplo del
viento existía en ese lugar, pero ella sintió su beso y sintió más, sus dedos
bajaron hasta tomar su cintura, el tacto era tibio como el cuerpo que ella
recordaba, el cuerpo de su amado. Toda su espalda cobró calor de la nada, era
el cuerpo de él pegado al de ella, notó como besó su cabeza y luego su mejilla,
percibió el abrazo y respiró profundo. Un par de lágrimas cayeron de ella,
porque él no estaba ahí, él ya se había ido y no quedaba nada más que el
recuerdo de sus sentidos.
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