El
frío se empezaba a apoderar de todo mi cuerpo, partiendo por la punta de mis
dedos y luego recorriendo mis manos y piernas, era pleno verano, pero se sentía
como estar entre montañas de nieve. Poco a poco perdía la sensibilidad y
también fuerza, todo mi calor y voluntad se escapaban por mis ojos que no
paraban de llorar. La escena sucedía lento, sus labios habían pronunciados las
palabras, mi mente aun no las podía procesar, pero mi corazón si y se rompía,
explotaba tan fuerte que el ruido tapaba mis oídos. El pecho se me apretó
fuerte y un pitido no me dejaba oír nada, aunque de alguna forma seguía
entendiendo lo que decía, se sentía como si todo se fuera abajo, como una
ciudad derrumbándose y aniquilando toda la vida en ella, como si de pronto la
gravedad hubiese aumentado y mis huesos quisieran atravesar mi piel. Terminó de
hablar y ya estaba todo en el suelo, mis esperanzas y anhelos volando lejos de
mí, sus promesas y las mías, sus palabras y las mías, todo al aire, al viento,
esfumándose frente a mis ojos que apenas podían ver con las lágrimas que los
desbordaban.
- Estoy enamorado de otra mujer. – Y todo estaba acabado entre nosotros dos.
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