Y sentada
en la plaza, donde hace 150 años la importante guerra de independencia daba
final en la última batalla, recuerda, Cristina, la historia de un simple
soldado que con su valentía llevo a su patria a la independencia, pero más
importante, a la libertad, la historia cuenta que sucedió así:
Un día
soleado de primavera (22 de Septiembre), la señora Eloísa después de tomar su
café de la mañana, entra en labores de parto y a las 10:29 de la mañana nace un
varón, hijo de Demetrio Carvallo y Eloísa Tamarelio, su nombre era Ricardo
Franco Carvallo Tamarelio, creció en una familia humilde y esforzada, fue a la
escuela publica de Finchdelad, una pequeña ciudad del país de Drucilvania, y
cuando cumplió los 18 años entro al ejército de su país.
Un día,
sin más, el país vecino, Destorvia, invade la pequeña nación. Drucilvania
siempre había sido dependiente de este, pero nunca habían invadido el país de
esa forma, tratando de convertir la pequeña nación en otra región más del gran
Destorvia. Ahí es donde empieza la guerra.
Reunido
todo el ejército en el salón principal de conferencias y trazados de misión se
explica la situación a los soldados, el enemigo era fuerte y muy disciplinado.
Ricardo
veía todo muy difícil, conocía las tácticas de guerra como la palma de su mano
y se sentía lo suficientemente valiente como para dar su vida para liberar la
tierra que lo vio crecer, pero, puede que con eso no bastara, puede que no
fuera suficiente ser valiente, el enemigo es fuerte, y no siente miedo por
luchar. Cohibido estaba por este sentimiento, pero se lo guardó, no quería
impartir temor a sus compañeros que se veían tan tranquilos.
Con el
mismo sentimiento vio acercarse el día del combate, el día en que iban a atacar
al enemigo en su propio campamento, cada día su corazón latía más fuerte, pero
no por miedo, por ansiedad, por ganas a saber que era lo que iba a pasar.
Y el día
llego, en la noche, el ejercito libertador fue de carpa en carpa degollando a
los enemigos, pero un grito desgarrado por dolor despertó al resto convirtiendo
la matanza nocturna en un combate a sangre fría. Fueron acecinados la mitad del
ejercito enemigo, mas el ejército de Ricardo sufrió, también, una grave
perdida.
Así se
llevaron las batallas, muertes y más muertes, pero Ricardo mantenía su
valentía, él sabia que todo iba a estar bien, que el país iba a ganar su guerra.
Ricardo sentía un amor muy grande a su patria y no quería verla convertida en
una pequeña región de otro.
El día de
la gran batalla final, sus compañeros se veían muy atemorizados, ya que el
frente se les había hecho muy fuerte, los superaban por alrededor de 100
soldados.
Hasta que
al fin llego el día. Cada soldado con su fusil en la mano y su uniforme cantaba
el himno nacional y se despedía de sus respectivas familias que pensaban en
como seguir sus vidas con un integrante menos, las esposas y los niños
sollozaban al pensar que podría ser la última vez que vieran a sus parientes,
mas la familia de Ricardo no se encontraba, sus padres habían muerto por
represión de los soldados extranjeros y no tenia hermanos, así que su despedida
no fue hacia familiares ni amigos, sino que a la gran bandera nacional que
colgaba de la muralla del castillo presidencial, con una señal de respeto,
saludo a las familias de sus compañeros y se fue a formar a su fila, deseoso de
que todo llegara a su fin y su patria fuera independiente.
El camino
hacia el lugar de la batalla fue largo, solo pensaba en que podría pasar si
perdían la batalla y lo ultimo que quedaba de su ejército era destruido, no
podía pensar que todo el esfuerzo y las muertes fueran en vano.
Llegados
al lugar armaron trincheras y se escondieron allí, esperando la llegada del
enemigo, pero cuando este llegó, todos los soldados perdieron la esperanza de ganar.
El frente enemigo se veía como del doble del nacionalista, nadie sabía que
hacer, todos empezaron a temblar y a desear nunca haber nacido, pero Ricardo
permanecía con su valor de siempre. Y no aguanto la situación.
Con un
general asustado y sus compañeros como piedras por el miedo hacia el ejército
contrario, escondidos en las trincheras, ya con ganas de huir del lugar para
salvar sus vidas, se levanta con su fusil en la mano, el pecho hinchado de aire
y erguido, de tal forma que su voz se escuchara fuerte y clara y les dice a sus
compañeros:
“Señor general, compañeros, veo aquí un tropa
de cobardes, ¿Acaso todos piensan en huir y salvar sus vidas? ¿Acaso no
recuerdan por qué estamos aquí? No estamos para ser recordados como el grupo de
gallinas, culpables de que el enemigo avance sobre nuestra nación, estamos aquí
para luchar con honor y lograr la libertad de lo que es nuestro. Por esto,
puede que sean estos nuestros últimos minutos de vida, pero moriremos por
nuestro país, por nuestra gente, por lo que amamos. Tal vez perdamos muchas
vidas jóvenes, pero eso dará paso a una era de libertad, donde los hijos de
estas tierras crezcan felices, libres y no como esclavos. ¡Compañeros! Estamos
luchando por nuestra patria, por nuestro honor, por el honor de nuestra gente,
en un futuro próximo ellos podrán decir:
- Si, mi país gano su independencia, y ahora vive libre de represión y
abusos.
Seremos felices. Y si perdemos la batalla, no moriremos como cobardes,
moriremos con honor, y se nos recibirá en el cielo como valientes guerreros que
dieron la vida por su patria.
¡Compañeros! Hay que luchar por nuestra libertad, ¡Por nuestra patria!”
- ¡Viva! –
Gritaron todos los soldados al unísono.
Salieron
todos corriendo de las trincheras, el general sobre su caballo y los soldados
tras él, cargando toda la furia del pueblo en contra del enemigo, ganado la
ultima batalla.
Pero
Ricardo Carvallo no disfruto la gloria, fue acecinado por el ultimo de los
soldados enemigos, que lleno de rabia enterró su espada en el pecho de Ricardo.
El mismo Ricardo que es recordado por su acto de dar valor a todos sus
compañeros y por luchar sin temor a la muerte, porque el amor hacia su patria
era más grande que el amor hacia el mismo, por lo que él murió feliz, feliz de
haber dado la libertad a su tierra.
En honor a
los héroes fue construida esta plaza, en honor al recordado ejército, y en el
centro de esta se encuentra una estatua en honor al libertador, al grande, al
valiente, Ricardo Carvallo.
Recuerda
Cristina la historia de los héroes patrios de su nación, esta nación
inexistente para ustedes, pero que contiene una cultura enorme, y su historia
es la más gloriosa y honorable contada por el hombre.
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