miércoles, 3 de julio de 2013

Ricardo Carvallo: Breve relato de su lucha.

Y sentada en la plaza, donde hace 150 años la importante guerra de independencia daba final en la última batalla, recuerda, Cristina, la historia de un simple soldado que con su valentía llevo a su patria a la independencia, pero más importante, a la libertad, la historia cuenta que sucedió así:
Un día soleado de primavera (22 de Septiembre), la señora Eloísa después de tomar su café de la mañana, entra en labores de parto y a las 10:29 de la mañana nace un varón, hijo de Demetrio Carvallo y Eloísa Tamarelio, su nombre era Ricardo Franco Carvallo Tamarelio, creció en una familia humilde y esforzada, fue a la escuela publica de Finchdelad, una pequeña ciudad del país de Drucilvania, y cuando cumplió los 18 años entro al ejército de su país.
Un día, sin más, el país vecino, Destorvia, invade la pequeña nación. Drucilvania siempre había sido dependiente de este, pero nunca habían invadido el país de esa forma, tratando de convertir la pequeña nación en otra región más del gran Destorvia. Ahí es donde empieza la guerra.
Reunido todo el ejército en el salón principal de conferencias y trazados de misión se explica la situación a los soldados, el enemigo era fuerte y muy disciplinado.
Ricardo veía todo muy difícil, conocía las tácticas de guerra como la palma de su mano y se sentía lo suficientemente valiente como para dar su vida para liberar la tierra que lo vio crecer, pero, puede que con eso no bastara, puede que no fuera suficiente ser valiente, el enemigo es fuerte, y no siente miedo por luchar. Cohibido estaba por este sentimiento, pero se lo guardó, no quería impartir temor a sus compañeros que se veían tan tranquilos.
Con el mismo sentimiento vio acercarse el día del combate, el día en que iban a atacar al enemigo en su propio campamento, cada día su corazón latía más fuerte, pero no por miedo, por ansiedad, por ganas a saber que era lo que iba a pasar.
Y el día llego, en la noche, el ejercito libertador fue de carpa en carpa degollando a los enemigos, pero un grito desgarrado por dolor despertó al resto convirtiendo la matanza nocturna en un combate a sangre fría. Fueron acecinados la mitad del ejercito enemigo, mas el ejército de Ricardo sufrió, también, una grave perdida.
Así se llevaron las batallas, muertes y más muertes, pero Ricardo mantenía su valentía, él sabia que todo iba a estar bien, que el país iba a ganar su guerra. Ricardo sentía un amor muy grande a su patria y no quería verla convertida en una pequeña región de otro.
El día de la gran batalla final, sus compañeros se veían muy atemorizados, ya que el frente se les había hecho muy fuerte, los superaban por alrededor de 100 soldados.
Hasta que al fin llego el día. Cada soldado con su fusil en la mano y su uniforme cantaba el himno nacional y se despedía de sus respectivas familias que pensaban en como seguir sus vidas con un integrante menos, las esposas y los niños sollozaban al pensar que podría ser la última vez que vieran a sus parientes, mas la familia de Ricardo no se encontraba, sus padres habían muerto por represión de los soldados extranjeros y no tenia hermanos, así que su despedida no fue hacia familiares ni amigos, sino que a la gran bandera nacional que colgaba de la muralla del castillo presidencial, con una señal de respeto, saludo a las familias de sus compañeros y se fue a formar a su fila, deseoso de que todo llegara a su fin y su patria fuera independiente.
El camino hacia el lugar de la batalla fue largo, solo pensaba en que podría pasar si perdían la batalla y lo ultimo que quedaba de su ejército era destruido, no podía pensar que todo el esfuerzo y las muertes fueran en vano.
Llegados al lugar armaron trincheras y se escondieron allí, esperando la llegada del enemigo, pero cuando este llegó, todos los soldados perdieron la esperanza de ganar. El frente enemigo se veía como del doble del nacionalista, nadie sabía que hacer, todos empezaron a temblar y a desear nunca haber nacido, pero Ricardo permanecía con su valor de siempre. Y no aguanto la situación.
Con un general asustado y sus compañeros como piedras por el miedo hacia el ejército contrario, escondidos en las trincheras, ya con ganas de huir del lugar para salvar sus vidas, se levanta con su fusil en la mano, el pecho hinchado de aire y erguido, de tal forma que su voz se escuchara fuerte y clara y les dice a sus compañeros:
Señor general, compañeros, veo aquí un tropa de cobardes, ¿Acaso todos piensan en huir y salvar sus vidas? ¿Acaso no recuerdan por qué estamos aquí? No estamos para ser recordados como el grupo de gallinas, culpables de que el enemigo avance sobre nuestra nación, estamos aquí para luchar con honor y lograr la libertad de lo que es nuestro. Por esto, puede que sean estos nuestros últimos minutos de vida, pero moriremos por nuestro país, por nuestra gente, por lo que amamos. Tal vez perdamos muchas vidas jóvenes, pero eso dará paso a una era de libertad, donde los hijos de estas tierras crezcan felices, libres y no como esclavos. ¡Compañeros! Estamos luchando por nuestra patria, por nuestro honor, por el honor de nuestra gente, en un futuro próximo ellos podrán decir:
- Si, mi país gano su independencia, y ahora vive libre de represión y abusos.
Seremos felices. Y si perdemos la batalla, no moriremos como cobardes, moriremos con honor, y se nos recibirá en el cielo como valientes guerreros que dieron la vida por su patria.
¡Compañeros! Hay que luchar por nuestra libertad, ¡Por nuestra patria!”
- ¡Viva! – Gritaron todos los soldados al unísono.
Salieron todos corriendo de las trincheras, el general sobre su caballo y los soldados tras él, cargando toda la furia del pueblo en contra del enemigo, ganado la ultima batalla.
Pero Ricardo Carvallo no disfruto la gloria, fue acecinado por el ultimo de los soldados enemigos, que lleno de rabia enterró su espada en el pecho de Ricardo. El mismo Ricardo que es recordado por su acto de dar valor a todos sus compañeros y por luchar sin temor a la muerte, porque el amor hacia su patria era más grande que el amor hacia el mismo, por lo que él murió feliz, feliz de haber dado la libertad a su tierra.
En honor a los héroes fue construida esta plaza, en honor al recordado ejército, y en el centro de esta se encuentra una estatua en honor al libertador, al grande, al valiente, Ricardo Carvallo.

Recuerda Cristina la historia de los héroes patrios de su nación, esta nación inexistente para ustedes, pero que contiene una cultura enorme, y su historia es la más gloriosa y honorable contada por el hombre.

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