Se escuchó un fuerte ruido en la alameda, el
auto quedó destrozado.
Lo miré a los ojos, pero su figura se fragmentó
por un par de lágrimas que se asomaron.
- Te amo - dije con desesperación.
- No te preocupes, al final, por mucho que nos separen nuestros caminos, siempre podremos encontrarnos en el cielo.
Sus ojos se cerraron y me besó.
- Te amo - dije con desesperación.
- No te preocupes, al final, por mucho que nos separen nuestros caminos, siempre podremos encontrarnos en el cielo.
Sus ojos se cerraron y me besó.
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