Lo esperaba con ansias cuando tocó la puerta, abrí, su
cabello y cara mojados, los hombros de su chaqueta también, me hice a un lado
para que pasara, entró y me besó suavemente.
- Hola - Dijo mientras se sacaba la chaqueta y la colgaba.
- Hola - Le contesté - ¿Cómo estuvo tu día?
- Bien, nada nuevo, creo.
Fui a nuestra habitación para llevarle ropa seca, pero
cuando volví al living, él había desaparecido. En su lugar había un pequeño
papel que aún no llegaba al suelo y se balanceaba de un lado al otro en el aire
mientras caía, ahí comprendí porqué había sentido una pequeña brisa.
"..." era toda la información que contenía el papel en una tinta azul
profundo que aún no terminaba de secar y hasta se escurría un poco.
Caminé por la casa, primero a la cocina, por si tuviese
hambre, pero todo estaba igual, luego a la habitación otra vez, todo igual, fui
al comedor, la mesa puesta, todo igual, el baño, los armarios, la bodega, la
habitación de servicio, el patio trasero, la entrada, el garaje, la calle, la
casa del vecino, la lluvia cayendo y todo seguía igual.
-Pero, ¿qué ha pasado? - Pude oírme susurrar.
El silencio rompía mis oídos, pues no podía escuchar nada,
la lluvia mojaba mi pelo, la calle y el mundo. ¿Qué pasaba? El mundo empezó a
distorsionarse, veía el horizonte, este se doblaba hacia arriba, se comprimía y
volvía a su forma una y otra vez, los oídos empezaron a zumbarme y a lo lejos
podía escuchar una voz grave que me llamaba, me llamaba... me llamaba... me
llamaba...
- ¡Amor! - Abrí los ojos muy grandes y él estaba sujetándome
en un abrazo. - Amor, ¿estás bien?
- Sí, sí, creo - Le entregué la ropa, y él empezó a
cambiarse, en la habitación todo seguía tal cual. - Iré a servir la comida.
- Okey - Me sonrió con el abdomen desnudo.
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