lunes, 8 de octubre de 2018

081018 11:23

A veces creo que debería pensar más antes de hacer las cosas, otras veces de tanto pensarlas nunca las hago. Tampoco es como que me arrepienta mucho de las cosas que he hecho sin pensar y si que me arrepiento de las cosas que me he pensado demasiado.
Excepto esta vez, tal vez debí darle más vueltas al tema de abrir mis venas y exponerlas a la luz del sol, pero fue un impulso, mi pecho ardía y quería explotar, había una tormenta dentro de mi que me hacía inhalar, levantando mis costillas hasta que se quemaban al presionarse contra mi piel, faltaba espacio, faltaba espacio para ingresar más aire, para alejar el dolor y el sufrimiento.
Pero ya estaba hecho y, arrepentida o no, no había vuelta atrás. Escuche mi nombre a lo lejos, los colores de la ciudad se alejaban de mi. Desde arriba en el ventanal de mi departamento veía todas las luces, y autos que corrían a toda velocidad, pero por alguna razón empezaba a carecer de sentido.
¿Qué sentido tenía la vida misma?
Alguien me movió, el ventanal se alejó mientras me cargaban fuera de mi hogar, entonces silencio.
La negrura se lo tragó todo, incluso los motivos que me llevaron a tomar esta impulsiva decisión, se tragó el pasado, el presente y sobre todo, el futuro.

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