Nuestras miradas se
encontraban otra vez en ese inmenso mundo lleno de odio y un dolor negro como
la noche, pero no las lindas noches. Las noches de terror. Y mientras el
desgarrador anochecer amenazaba con llevarse de mi lado lo que yo más amaba
empecé a gritar sentimientos, sin pensar en sus repercusiones, mi odio hacia el
mundo, mi amor hacia él, el desprecio hacia las personas que me habían dañado y
mi anhelo por tenerlo cerca. Y sin querer cambiar las cosas, estas cambiaron.
Él se quedó, aún después del atardecer, seguía a mi lado, sin las cadenas que
nos separaban en cada puesta de sol, sin el desgarrador tormento de la perdida,
estaba a mi lado. Tomó mi mano y la vida se volvió luz, el odio, amor y la
muerte inesperada se torno un apacible y amigable camino de flores. Sí, sólo
así podría tomarlo para mí, para siempre.
“Mátenme en mi
juventud o déjenme vivir para siempre, ya que no soy lo suficientemente fuerte
para aguantar la vejez y terminar con la muerte.”
Si me echo otro ramo, será culpa. Procastino leyendo tu blog en vez de estudiar.
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