sábado, 21 de febrero de 2015

Tierras de pasión

El ardor del primer beso fue lo de menos comparado con todo lo que siguió esa noche, pero sí puedo decir que fue el precursor de tanta maravilla junta. Podría haber sido una noche normal, en mi cama, sola y durmiendo, pero la promesa de convertir mis ilusiones en realidad hizo que de mis manos se escapara cualquier tipo de pensamiento racional.
Amanecí desnuda completamente, ni los calcetines llevaba puestos, estaba enredada en sabanas rojas, rojas carmesí y mi espalda estaba descubierta ante la suave brisa marina que soplaba ligera de mañana por la ventana. Los rayos del sol revotaban en la blancura de mi piel y me atrevería a asegurar que sentí sus dedos recorriéndola.
La noche anterior no había sido patrocinada ni por drogas, ni por alcohol, solo una locura romántica y caliente que no tuvo limite más que el agotamiento total, llegar a quedar rendidos en la cama, y ¿quién era yo ahora? Era la pregunta que me hice tras despertar, ya no era una niña, pero tampoco estaba lista para ser mujer, solo quería sentir la magia de que tus sueños se hagan realidad.
El discreto coqueteo que habíamos llevado hasta el momento se rompió en mil pedazos tras fijar mi mirada en la de él.  Yo llevaba un vestido rojo con una falda bastante vaporosa y atrevida, mis tacos estilizaban mi figura. Solo quería mentirme a mí misma diciéndome que no me arreglé especialmente para él. Por su parte llevaba un elegante terno y una corbata a juego con el pañuelo del bolsillo de la chaqueta. Tomó mi guante desde la punta de mi dedo mayor y lo tiro hasta dejar mi mano desnuda, la tomó y la beso a modo de saludo mientras agachaba un poco su alta figura mostrando respeto. Mis ojos llorosos no se atrevieron a hablar, pero de mi boca salió un pequeño gemido que no pude  evitar. Aun agachado levantó su mirada hasta juntarla con la mía, como un depredador mira a su presa, sonrió para levantarse y me devolvió mi guante.
-¿Bailas? – Hizo una mueca para demostrar simpatía y yo asentí. Me tomó de la cintura y me llevo a la pista de baile, sonó música lenta, lo que hizo más interesante el ambiente. De lado a lado, en cada paso me apoyé en su pecho y sentí el aroma tan delicioso que tenía su perfume, cada partícula de su existencia me volvía loca, pero no lo permitía, no me di permiso para dejar volar mi imaginación hasta ese momento, su calor se sentía cercano y yo soñaba que él era mío y yo era suya en anchas praderas verdes de suave brisa, delicado pasto y , a lo lejos, entre las montañas se ponía el sol y los arreboles inspiraban más todavía la delicada escena.
- ¿En qué piensas, bella doncella?
- En cosas lindas y felices. – Sentí su abrazo más fuerte y sentí que por mis mejillas rodaban pequeñas gotitas de tristeza.
- Yo, desde que te conocí, quise darte cosas lindas y felices. – Lo mire a los ojos, la proximidad de nuestros rostros decía claramente lo que nuestro corazón sentía y deseaba. Poco a poco el mundo se fue alejando de nosotros mientras nuestros labios se acercaban lentamente, pero con la convicción de un explorador llegando a nuevas y prometidas tierras. Tierras de pasión.

1 comentario: