El ardor del primer beso fue lo de menos comparado con todo
lo que siguió esa noche, pero sí puedo decir que fue el precursor de tanta
maravilla junta. Podría haber sido una noche normal, en mi cama, sola y
durmiendo, pero la promesa de convertir mis ilusiones en realidad hizo que de
mis manos se escapara cualquier tipo de pensamiento racional.
Amanecí desnuda completamente, ni los calcetines llevaba
puestos, estaba enredada en sabanas rojas, rojas carmesí y mi espalda estaba
descubierta ante la suave brisa marina que soplaba ligera de mañana por la
ventana. Los rayos del sol revotaban en la blancura de mi piel y me atrevería a
asegurar que sentí sus dedos recorriéndola.
La noche anterior no había sido patrocinada ni por drogas,
ni por alcohol, solo una locura romántica y caliente que no tuvo limite más que
el agotamiento total, llegar a quedar rendidos en la cama, y ¿quién era yo
ahora? Era la pregunta que me hice tras despertar, ya no era una niña, pero
tampoco estaba lista para ser mujer, solo quería sentir la magia de que tus
sueños se hagan realidad.
El discreto coqueteo que habíamos llevado hasta el momento
se rompió en mil pedazos tras fijar mi mirada en la de él. Yo llevaba un vestido rojo con una falda
bastante vaporosa y atrevida, mis tacos estilizaban mi figura. Solo quería
mentirme a mí misma diciéndome que no me arreglé especialmente para él. Por su
parte llevaba un elegante terno y una corbata a juego con el pañuelo del
bolsillo de la chaqueta. Tomó mi guante desde la punta de mi dedo mayor y lo
tiro hasta dejar mi mano desnuda, la tomó y la beso a modo de saludo mientras
agachaba un poco su alta figura mostrando respeto. Mis ojos llorosos no se
atrevieron a hablar, pero de mi boca salió un pequeño gemido que no pude evitar. Aun agachado levantó su mirada hasta
juntarla con la mía, como un depredador mira a su presa, sonrió para levantarse
y me devolvió mi guante.
-¿Bailas? – Hizo una mueca para demostrar simpatía y yo
asentí. Me tomó de la cintura y me llevo a la pista de baile, sonó música lenta,
lo que hizo más interesante el ambiente. De lado a lado, en cada paso me apoyé
en su pecho y sentí el aroma tan delicioso que tenía su perfume, cada partícula
de su existencia me volvía loca, pero no lo permitía, no me di permiso para
dejar volar mi imaginación hasta ese momento, su calor se sentía cercano y yo
soñaba que él era mío y yo era suya en anchas praderas verdes de suave brisa,
delicado pasto y , a lo lejos, entre las montañas se ponía el sol y los
arreboles inspiraban más todavía la delicada escena.
- ¿En qué piensas, bella doncella?
- En cosas lindas y felices. – Sentí su abrazo más fuerte y
sentí que por mis mejillas rodaban pequeñas gotitas de tristeza.
- Yo, desde que te conocí, quise darte cosas
lindas y felices. – Lo mire a los ojos, la proximidad de nuestros rostros decía
claramente lo que nuestro corazón sentía y deseaba. Poco a poco el mundo se fue
alejando de nosotros mientras nuestros labios se acercaban lentamente, pero con
la convicción de un explorador llegando a nuevas y prometidas tierras. Tierras
de pasión.
que lata que aquí no se puede dar like
ResponderEliminar