lunes, 17 de agosto de 2015

Visita del más allá

Tú estabas durmiendo cuando todo empezó, tal vez soñando en la belleza de un mundo que no existe, pero amor, juro que te amé todo ese tiempo. Mientras tu dormías y yo te veía dormir, el mundo no tenía sentido para mí, porque nada existía, excepto tú. Besé tus mejillas y tu frente, acaricié tu cabello y te observé sumido en tu mundo onírico, tan bello como siempre, perfecto en infinitos sentidos y la paz sobre tu rostro me hacía mejor persona.
Cuando los temblores empezaron a recorrer mi cuerpo, vi tu ceño fruncirse y mis pensamientos se turbaron, caí en picada a un foso de locura impensada. Oí un quejido en tu voz, tal vez porque mis convulsiones perturbaban tus sueños. Traté de no despertarte, pero tu sueño murió y empezaste a abrir los ojos. Miraste apaciblemente mi rostro muerto en pensamientos y quise decir te amo, pero mi cuerpo no respondía entre el mar de convulsiones.
Frunciste el ceño a mi mirada perdida y empezaste a llorar, a gritar cuanto me amabas y ahogar gemidos contra la almohada. ¿Cuánto habíamos perdido ya? Todo expuesto a la morbosidad, el triste pensamiento de no estar y tú ahí llorando. No te podía consolar, tu mirada perdida en el techo, en el cielo donde creías que estaba, pero no. Invisible a tus hermosos ojos, pero visible a tu corazón, que lloraba al verme sin que tu mente entendiera el porqué. Juro amarte por siempre, poniendo mi alma en ello. Lo único que tengo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario