miércoles, 4 de junio de 2014

Él para ella (otra mirada de Ella para él)

Por fin aquella noche me había entregado totalmente a él, estaba desnuda con el cuerpo entre las rojas sabanas de su cama, respiraba lento. Lo vi observándome, pero me hice la dormida, quería verlo mirarme, quería ver lo que pasaba por sus ojos cada vez que veía mi cuerpo desnudo frente a él.

De pronto sus ojos se paralizaron en la zona de mi espalda, al no saber que sucedía me costaba mantener la calma y seguir haciéndome la dormida, sus ojos de profundo negro no quitaban la vista de su lugar, casi empezaba a asustarme.

Había decidido a moverme para que rompiera el contacto, pero antes de moverme sentí uno de sus dedos tocar suavemente mi espalda. Tan solo al primer contacto su mirada se relajó y sus dedos empezaron a dejarse llevar por el tacto de mi cuerpo.

Sentí miedo, pues pensé que encontraría desperfectos en mi cuerpo, sentí vergüenza en un momento por mi postura tan vulnerable, tan entregada. Pero luego pensé en su amor, y que yo lo amaba también, la perfección de aquel amor imposibilitaba que encontrara cualquier desperfecto en mi, porque él ya lo había dicho “eres perfecta para mi”. Yo sólo deseo ser su mujer.

Empezó por mi espalda, bajando hasta mis caderas, subiendo hasta mi nuca y deleitándose con cada roce que daba a mi piel. Su cuerpo parecía relajarse cada vez más y yo apenas aguantaba los estremecimientos del cuerpo causados por su suave tacto.

Sus ojos brillaban de felicidad y yo me hacía la dormida, junto a su cuerpo, el mío yacía inmóvil, y el me tocaba, tras haberme entregado a él, yo era suya y el me tenía.

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